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El declive de Morrissey: cómo un mal álbum expone la crisis de un ícono del rock
La trayectoria de Morrissey en la música representa uno de los fenómenos más fascinantes y contradictorios del rock moderno. Durante décadas, el artista británico fue sinónimo de sensibilidad, crítica política mordaz y composiciones que marcaron generaciones. Sin embargo, los últimos años han convertido a Morrissey en una figura envuelta en polémicas, cancelaciones y decisiones artísticas cuestionables. Su reciente lanzamiento de Make-Up Is a Lie evidencia esta caída de una manera particularmente incómoda: un álbum que suena desorientado, lleno de nostalgias ingenuas y posiciones inciertas.
El nuevo trabajo: cuando el legado se desmorona
Make-Up Is a Lie representa un quiebre importante en el catálogo de Morrissey. Se trata de un trabajo reflexivo aunque desafortunado, saturado de una nostalgia poco convincente e ideas que circulan en los rincones más dudosos de internet. La producción suena apagada, el envoltorio visual carece de tensión, y globalmente el álbum transmite una sensación de improvisación. A los 65 años, nadie esperaba que Morrissey replicara la calidad de sus grandes hitos: Viva Hate (1988), Vauxhall and I (1994) o You Are the Quarry (2004). Tres obras maestras que definieron su etapa solista tras el fenómeno incomparable de The Smiths. Sin embargo, lo que sorprende es la esterilidad artística del resultado actual, ese rock de boomer desangrado que carece de la provocación que siempre caracterizó a este compositor y letrista.
La teatralidad fuera del escenario: ausencias y declaraciones
Durante el año pasado, Morrissey canceló aproximadamente la mitad de sus conciertos programados, incluido el que tenía previsto en Buenos Aires después de una anterior suspensión. En el terreno profesional, estos actos constituyen un comportamiento inesperado para un artista de su magnitud. Aunque desde una perspectiva más humanista y contradictoria, es posible ver en esto cierta coherencia: la posibilidad de que alguien simplemente decida no hacer algo porque no desea hacerlo. Noel Gallagher, de Oasis, comentó con sorpresa haber encontrado a Morrissey en un bar la misma noche en que había cancelado un concierto por presuntos problemas de salud.
Lo que define a Morrissey más allá de estas ausencias es su capacidad de mantener un aura de misterio y dignidad, incluso mientras genera controversia. Compositor de temas fundamentales como “Irish Blood, English Heart” y “First of the Gang to Die”, siempre logró preservar su estatura artística frente a cualquier escándalo. A finales de 2024, reveló haber aceptado una oferta millonaria para reunir a The Smiths, pero que Johnny Marr, su antiguo colaborador y rival, simplemente ignoró la propuesta. El intercambio de acusaciones posteriores dejó claro que Marr rechaza compartir escenario debido a las posturas actuales de Morrissey. Posteriormente se reveló que toda la historia había sido una invención deliberada, destinada a reavivar una confrontación que dormía desde hacía décadas.
La transformación política: del radicalismo al conservadurismo
Las posiciones políticas que supuestamente Johnny Marr cuestionaba refieren al presunto acercamiento de Morrissey al partido de derecha británico Reform UK. A pesar de haber asegurado el año anterior ser “apolítico”, sus declaraciones constantemente abordan la “dictadura del pensamiento único” y alertan sobre la destrucción de la cultura británica. En sus múltiples intervenciones, frecuentemente ataca a medios como The Guardian, a los que acusa de ejecutar una “campaña de odio” en su contra. En la primavera de 2025, llevó adelante una demanda contra un usuario de internet, argumentando que este “troll” fue responsable de fabricar su imagen pública de “racista” durante décadas.
Esta postura resulta particularmente irónica considerando los cimientos del prestigio artístico de Morrissey. Su carrera se edificó sobre críticas feroces al capitalismo, especialmente durante la era de Margaret Thatcher en Inglaterra. En su primer álbum solista incluyó “Margaret on the Guillotine”, una declaración tan provocadora que la policía británica registró su casa bajo la Ley de Sustancias Explosivas. The Queen Is Dead funcionó como un ataque directo a la monarquía y al estado de decadencia británico bajo mandato conservador. En Meat Is Murder, aunque formalmente trata sobre vegetarianismo, Morrissey la utilizaba para cuestionar la “falta de humanidad” del gobierno Thatcher. Cuando Thatcher falleció en 2013, publicó una carta abierta intitulada “Thatcher era un terrorista sin un átomo de humanidad”, mostrando que su desprecio había permanecido intacto a través de los años.
La paradoja irresolvible: ¿quién es realmente Morrissey?
La pregunta sobre si Morrissey se ha convertido en lo que alguna vez combatió permanece sin respuesta clara. Su universo artístico resiste cualquier lógica única o explicación lineal. Quizá el error resida en intentar comprenderlo, justificarlo o condenarlo según parámetros contemporáneos. Tal vez la única opción válida sea simplemente escucharlo, reconocer su contribución histórica y aceptar su actual complejidad contradictoria. Pero allí está Make-Up Is a Lie, ese álbum incómodo que documenta el eclipse de un artista que alguna vez iluminó el rock sensible. En este caso, tal vez el mejor consejo sea dejar pasar el trabajo, hacer como si nada hubiera sucedido, y dedicarse a recordar cuándo Morrissey fue verdaderamente imprescindible.