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Retorno del Hemisferio Occidental a la Gran Estrategia de EE.UU.
(MENAFN- AsiaNet News)
Por la Dra. Aparaajita Pandey
El hemisferio occidental o, más precisamente, las Américas, se han encontrado sorprendentemente no como una prioridad en gran parte de la era posterior a la Guerra Fría. La atención de la OTAN y de Estados Unidos ha estado dominada por crisis en todo el mundo, muchas veces, de su propia creación. China, West Asia, Europa y Asia del Sur; todos han sido considerados prioridades para EE. UU.; América Latina y el Caribe, incluso después de ser la llamada “retaguardia americana”, han tenido dificultades para ser una prioridad para EE. UU.
Sin embargo, esa fase de negligencia parece estar llegando a su fin. Una mezcla de competencia entre grandes potencias, presiones migratorias, política energética y la creciente presencia de China han obligado a Washington a recordar la importancia de su vecindario inmediato.
Este cambio refleja uno de los principios más antiguos de la política exterior estadounidense. En 1823, la Doctrina Monroe declaró que las Américas eran un dominio de EE. UU. y que cualquier intrusión por parte de potencias europeas sería considerada una amenaza para EE. UU. Este movimiento estableció no solo la idea de que la estabilidad en las Américas era central para la seguridad de EE. UU., sino también sentó un precedente que permitiría a EE. UU. ingresar en América Latina. Durante el siglo siguiente, este principio establecido y reconocido moldeó las intervenciones estadounidenses en la región, desde la Guerra Hispanoamericana de 1898, que subrayó la influencia de EE. UU. en el Caribe, hasta las políticas de la Guerra Fría destinadas a prevenir la penetración soviética en el hemisferio y las Repúblicas Bananas de América Central.
La Guerra Fría otorgó a las Américas una relevancia estratégica clara, pero la caída de la Unión Soviética se convirtió en un umbral que permitió a Washington redirigir su atención a otros lugares. Se asumía que América Latina era en gran medida políticamente estable y firmemente integrada en el orden económico liderado por EE. UU. Sin embargo, la integración de EE. UU. ahora está siendo cuestionada.
China y la Nueva Competencia Hemisférica
Uno de los factores más críticos de la renovada concentración estadounidense en la región es la vasta presencia económica de China en América Latina, que seguramente tiene el potencial de volverse política en el futuro cercano. Beijing se ha convertido en uno de los socios comerciales y inversores más cruciales de la región. La inversión china ha financiado importantes proyectos de infraestructura, incluyendo puertos, instalaciones energéticas, empresas mineras y redes de telecomunicaciones.
Varios países latinoamericanos se han unido a la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, mientras que empresas chinas han accedido a sectores estratégicos que van desde la extracción de litio hasta infraestructura digital. Para EE. UU., estos desarrollos son preocupantes, ya que tienen consecuencias que van más allá de lo económico. La infraestructura y las redes tecnológicas se ven cada vez más a través del lente de la competencia geopolítica. Por lo tanto, la región latinoamericana se está convirtiendo en una adición a la rivalidad estratégica más amplia entre Estados Unidos y China.
Energía y sus Necesidades
América Latina alberga algunas de las reservas más importantes del mundo de minerales críticos. El triángulo del litio en Argentina, Bolivia y Chile posee más de la mitad de las reservas mundiales conocidas de litio, mientras que países como Perú y Chile dominan la producción mundial de cobre.
Nuevos descubrimientos de hidrocarburos están redefiniendo la geografía energética del hemisferio. El auge del petróleo crudo en Guyana está convirtiendo rápidamente a este estado sudamericano en uno de los productores de energía de más rápido crecimiento en el mundo. Mientras tanto, las vastas reservas de petróleo de Venezuela siguen influyendo en la geopolítica regional a pesar de años de turbulencias.
Estos avances ocurren en un momento en que las cadenas de suministro globales se están politizando cada vez más. El acceso a recursos estratégicos se ha convertido en un componente central de la competencia geoeconómica entre las grandes potencias.
Migración y Política Interna
Las presiones internas en Estados Unidos también han promovido la importancia estratégica de las Américas. La migración desde Centroamérica y Venezuela se ha convertido en un factor distintivo en la política estadounidense, vinculando los debates internos sobre seguridad fronteriza directamente con las condiciones políticas y económicas en toda la región.
Esta dinámica refuerza el argumento entre los responsables políticos de que el hemisferio occidental no puede ser tratado como un teatro secundario en la estrategia estadounidense.
Un Hemisferio Más Autónomo
El regreso de las Américas al pensamiento estratégico estadounidense no debe confundirse con un retorno a las condiciones geopolíticas del pasado. A diferencia de durante la Guerra Fría, los países latinoamericanos actualmente persiguen políticas exteriores más diversas. Los gobiernos tienden a mantener vínculos económicos y diplomáticos no solo con Estados Unidos, sino también con China, la Unión Europea, India y otras potencias emergentes.
Esto también recuerda el cambio más amplio en el mundo y la transición hacia la multipolaridad. Para EE. UU., esto significa que su influencia en el hemisferio debe depender más de la diplomacia, el compromiso económico y la cooperación tecnológica que del dominio jerárquico que caracterizó períodos anteriores.
La Geografía Vuelve a la Estrategia
Durante décadas, la estrategia estadounidense estuvo influenciada principalmente por eventos en teatros lejanos. Pero a medida que la competencia geopolítica se intensifica y las cadenas de suministro se convierten en activos estratégicos, la geografía vuelve a afirmarse. La influencia sobre recursos, infraestructura, rutas migratorias y redes tecnológicas se está convirtiendo progresivamente en intrínseca a la estabilidad y alineación regional. EE. UU. está recordando una verdad que una vez entendió bien: la influencia global comienza en casa.
Pero en contraste con la era de la Doctrina Monroe, hoy las Américas están arraigadas en un mundo profundamente interconectado. Los poderes externos ya están cimentados económicamente, y los propios estados latinoamericanos tienen una mayor capacidad de acción que nunca.
El hemisferio occidental vuelve a ser central en la estrategia estadounidense. Sin embargo, el desafío para Washington no es completamente nuevo, sino uno que nunca han logrado superar: mantener una región que ya no está dispuesta a ser mantenida.