Desde pequeños nos enseñaron que la conciencia es un producto del cerebro, pero esa idea en realidad merece ser reinterpretada, el cerebro es más parecido a un limitador que a un productor. La conciencia humana en sí misma es más amplia, simplemente es filtrada por el cerebro, a través de los sentidos solo podemos recibir una pequeña parte de la información, el resto es bloqueado. Bajo esta premisa, la llamada realidad no es solo el resultado de una existencia objetiva, sino que está relacionada con la participación del observador. Cuando la atención y el estado de conciencia de una persona cambian, la percepción e incluso la experiencia de la realidad también cambian. Pero la mayoría de las personas se sienten impotentes porque desde su nacimiento están en un sistema: la educación, el consumo, el entretenimiento y la competencia ocupan y dispersan continuamente nuestra atención. Y la atención en realidad es el recurso más importante; una vez consumida, la persona solo puede mantener un funcionamiento básico, difícilmente puede crear y cambiar activamente su propia experiencia. Si una persona puede recuperar su atención, reducir las interferencias externas, dejar de lado los patrones de pensamiento arraigados y poner la conciencia en un estado más libre y concentrado, su percepción del mundo cambiará, y muchos resultados también aparecerán, pareciendo un proceso de “manifestación”.

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